Vuelo local

Como

Hoy tocaba día tranquilo. Eso, o me costaba un motín que ni el del Caine. Así que la tropa ha podido amanecer por generación espontánea, por supuesto lanzándose directamente a por algún aparato electrónico. “Ser Padres” 0 - vida real 3.

Desayuno y a la calle, con la única idea de patear la ciudad, aunque aquí eso significa inevitablemente mirar al lago, como lo hace ella. Pero antes, algunas callejuelas, donde las casas muchas veces tienen su acceso principal a través de un patio interior...




Por la orilla oeste, hacia Villa Olmo, que ya sabíamos que está en obras (se utiliza para exposiciones, bajo explotación municipal) pero por ver el exterior, los jardines y apreciar las vistas. De camino, los muelles de Como, algún parque, el Templo Volta... Me detengo un momento en este, que lo merece, no por su arquitectura, que no, sino porque llama la atención que se dedique un templo a un electricista (vale, era físico-químico e inventó la pila; Elon Musk lo tendrá en su recuerdo, aunque entiendo es más de Nikola Tesla por motivos evidentes). Pero no termino de ver la idoneidad de dedicar un centro de culto a un científico de finales del S. XVIII. ¿Habré entendido algo mal?

Pasado el templo, un recorrido ciertamente prosaico (hasta sucio), junto al Yacht Club de Como (sólo la placa dorada de la puerta está a la altura), y el Aero Club de Como, que es un grande pero desvencijado hangar que ha vivido tiempos mejores, y que te la juega cayendo en la trampa de buscar la pista que debería estar contigua... ¡Es el lago, idiota! He tardado unos segundos en caer, pero uno se siente bastante estúpido. Ya hemos visto estos días varios hidroaviones (ya sabéis, la suma de un mal avión y un mal barco) sobrevolando nuestras cabezas, y nos ha hecho la ilusión que debe sentir un milenial al encontrarse una cabina telefónica, una falsa nostalgia por algo que jamás usamos pero que nos representa otra época, de otros. A mí, el hidroavión probablemente me evoca más Doctor en Alaska que el Lago Como, pero el caso es que tiene su gracia. Eso sí, el hangar estaba cerrado y sólo lo hemos visto abrirse para aparcar una moto. Vamos, que no hay mucha operación aérea en estos tiempos.

A partir de ese punto, ya es otra cosa: un bonito camino adoquinado con las villas a un lado y la barandilla evitando la caída al lago en el otro. Y cada cierta distancia, el camino se eleva suavemente para, tras dejar espacio bajo él al paso de embarcaciones a cada villa, volver a descender.




Lo malo es que unas construcciones tan hermosas, hoy evidencian varios pecados, como la luz dura resalta los defectos de la piel: primero, el lago está sucio - es en estas orillas del lago, y particularmente en las cavidades en piedra que conducen el agua hasta los bajos de las villas, donde se acumulan los residuos que expulsa el lago, un lago hoy sucio y contaminado, supongo que por la sobreexplotación turística y la falta de cuidado en la gestión de los residuos de las poblaciones de la zona-; y segundo, las villas son fastos de otra época, caras de mantener y por ello muchas están abandonadas o, como mínimo, descuidadas, quedando estos accesos fluviales a las casas obstruidos o incluso anegados, por lo general. Esta es la sensación en la villas más cercanas a Como, en el extremo del lago;  más  adentro puede ser diferente.



Y así a Villa Olmo, que no ofrecía mucho en lo que recrearse, pero al menos sí una terraza donde tomar un refresco, perteneciente en realidad a unas piscinas de un club, también añejas, con terraza en la orilla del lago. Adecuado para paliar el pegajoso calor del día (que prometía tormenta veraniega desde las 15 horas que no ha llegado hasta pasadas las 23 horas, y de hecho una vez descargada no ha refrescado el ambiente lo más mínimo).


De vuelta, parque infantil (para cumplir la promesa de la ida), recorrido por el espigón culminado con escultura oda también al voltio o similar, y a comer. Riva, riquísimo todo, sin ser barato. Calor en la terraza y espectáculo policial incluido con escandalosa persecución a un señor a lomos de una moto amarilla de las de la nueva movilidad. Parecía mucho ruido para tan poca nuez, aunque Lola ya creía que habría tiroteo.



Paseo a casa parando en algunas tiendas, pero antes refrigerio en Aida, visita a iglesia y nuevo parque infantil.


Y fin de tarde en casa, relax y aire acondicionado. Y Pizza take away. Muy adecuado.

Mañana ya veremos, que dan tormenta todo el día. Tal vez aprovechemos para ir a Milán en tren...

Nos vemos.

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