Prima giornata
Madrid-Milán-Como
Prima giornata, o como se diga. Porque esto del idioma, engaña. Aquello de los “false friends”, pero para todo un idioma; que crees que con nada construyes una frase en italiano, y lo que haces es el ridículo. Eso si no te sale antes una macedonia de palabras, cada una en una de las lenguas que conoces o simplemente te suenan, para acabar reparando en que si dices todo en castellano, te entienden divinamente y les ahorras un espectáculo innecesario, que para ellos, por repetido, carece de todo interés.
Vamos, esto como primera impresión. Pero empecemos por el principio. Día de viaje razonablemente cómodo y eficiente, vuelo directo a Milán y transfer a Como (como alternativa al tren, que con tanto bambino y maleta se hacía cuesta arriba). Único incidente, el cajero automático del aeropuerto ha considerado entregados unos cuantos euros que en realidad me ha negado (pero unos buenos cuantos, creedme), así que ahora a luchar por recuperarlos (tengo vídeo para probarlo).
Al acercarte a Como vislumbras los Alpes, al fondo, detrás de una suerte de bruma, que sientes claramente al bajarte del coche y renunciar al aire acondicionado, que en esta época del año es imprescindible, casi a cualquier hora. Calor y humedad, que se encargan de asegurarte un sudor constante que pasas las horas tratando de aplacar en vano: agua, helado, cerveza (no saben tirarla), rosato... ducha! Da igual, solo el aire acondicionado (con harto cargo de conciencia por el calentamiento global, por supuesto) cierra el asunto.
El centro de Como es un rectángulo delimitado por una muralla en 3 de sus costados, y en el cuarto el Lago, claro. Y ese centro es todo peatonal y plagado de tiendas cuquis; calles tirando a estrechas, en ordenada cuadrícula, salvo borrones concretos; edificios de 3 alturas, restaurados; y turistas (para ser agosto, podía ser peor, no son hordas).
Nuestra casa está exactamente en ese centro, un segundo piso sin ascensor, que a su vez tiene dos alturas, que al entrar te da la sensación de haber viajado 400 años atrás. Las puertas de madera “gran reserva”, irregulares, curvadas por el tiempo, sobre goznes de hierro; el techo, también de madera, policromada; el suelo...
Y si caminas cuatro manzanas por una de esas calles peatonales, llegas al lago de cuya desde Como destacan más probablemente las colinas boscosas trufadas de estupendas residencias que la vista del propio lago, medió escamoteada por un repecho. Esta semana, desde el barco, veremos mucho más...
La cena, cogida con ganas, fantástica (Borgo S. Agostino, recomendación de la encantadora casera), dentro de una carta esperable, sin sorpresas.
Mañana más.
Ciao!
Prima giornata, o como se diga. Porque esto del idioma, engaña. Aquello de los “false friends”, pero para todo un idioma; que crees que con nada construyes una frase en italiano, y lo que haces es el ridículo. Eso si no te sale antes una macedonia de palabras, cada una en una de las lenguas que conoces o simplemente te suenan, para acabar reparando en que si dices todo en castellano, te entienden divinamente y les ahorras un espectáculo innecesario, que para ellos, por repetido, carece de todo interés.
Vamos, esto como primera impresión. Pero empecemos por el principio. Día de viaje razonablemente cómodo y eficiente, vuelo directo a Milán y transfer a Como (como alternativa al tren, que con tanto bambino y maleta se hacía cuesta arriba). Único incidente, el cajero automático del aeropuerto ha considerado entregados unos cuantos euros que en realidad me ha negado (pero unos buenos cuantos, creedme), así que ahora a luchar por recuperarlos (tengo vídeo para probarlo).
El centro de Como es un rectángulo delimitado por una muralla en 3 de sus costados, y en el cuarto el Lago, claro. Y ese centro es todo peatonal y plagado de tiendas cuquis; calles tirando a estrechas, en ordenada cuadrícula, salvo borrones concretos; edificios de 3 alturas, restaurados; y turistas (para ser agosto, podía ser peor, no son hordas).
Nuestra casa está exactamente en ese centro, un segundo piso sin ascensor, que a su vez tiene dos alturas, que al entrar te da la sensación de haber viajado 400 años atrás. Las puertas de madera “gran reserva”, irregulares, curvadas por el tiempo, sobre goznes de hierro; el techo, también de madera, policromada; el suelo...
Y si caminas cuatro manzanas por una de esas calles peatonales, llegas al lago de cuya desde Como destacan más probablemente las colinas boscosas trufadas de estupendas residencias que la vista del propio lago, medió escamoteada por un repecho. Esta semana, desde el barco, veremos mucho más...
La cena, cogida con ganas, fantástica (Borgo S. Agostino, recomendación de la encantadora casera), dentro de una carta esperable, sin sorpresas.
Mañana más.
Ciao!





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