Vértigo
Como - Brunate - Como
Despertar “no presionado” y desayuno de picoteo de panadería local. Aciertos y desaciertos, pero éxito particular de dos cosas: de nuevo el pistacho (esta vez en forma de una crema de textura parecida a la Nutella, como relleno de un bollo particularmente seco pero que cortado en rebanadas finas era vencido por la deliciosa crema), y una tartaleta/bizcocho de manzana brutal, con una superficie en apariencia resistente pero que se quebraba a la menor presión, dando paso a un interior de suave manzana... Como una fina capa de hielo en un lago, dura pero quebradiza (como unos deliciosos macarons que nos pusieron con el café en La Rinasante)... Bueno, ya paro.
El plan era: funicular a Brunate. Cuanto antes llegáramos a las taquillas, menos cola. A las 10:30, recién abierto, parecía moderada, pero en realidad ha sido algo más de una hora hasta efectivamente estar a bordo y en marcha.
El trayecto es breve, 10 minutos a lo sumo, y si tienes el cuidado de ponerte en el extremo inferior, eres el único que disfruta de vistas todo el recorrido. Adivinad...
Las vistas desde el final de la línea, el pueblo de Brunate, son bonitas, pero se concentran justo sobre la ciudad de Como y el extremo sur del lago, ya que éste forma una pequeña bahía en esta zona que limita la vista más allá. Para vencer el obstáculo es necesario caminar hasta un faro llamado Voltiano (¿os suena?), lo que supone media hora (supuestamente; en realidad creo que es más) de desnivel relevante (más del 30%), pero merece la pena, y luego, de hecho, subir a él (otro buen tute), pero ambas cosas merecen la pena. Desde allí ya la vista se pierde hasta Torno, e incluso Nesso. Eso sí, no es para sensibles a la altura, porque te asomarás por el hueco de la escalera al subir, o por la barandilla en el mirador sobre el faro, el estómago se encogía, y hay quien sentía el suelo moverse bajo los pies y ha sentido pronto la llamada de la tierra firme.
Sin duda subir hasta allí caminando con 3 niños requiere que éstos tengan energía y aguante, y los nuestros tienen ambas cosas.
Pero para asegurarnos de que los reponían, tocaba comer, y una casita la orilla de la carretera, mirando al valle, unos 50 metros antes de llevar a la población que alberga el faro, parecía el sitio ideal (Locanda del dolce Basilico). Su aspecto casero responde a la realidad: dos señoras atienden 5 mesas en la terraza y otras tantas en un interior abierto al valle a través de tres altas ventas por las que se cuela el sol. La carta, de las que me gustan: breves, 4 primeros, 4 segundos. Intentamos probar casi todo, y nada defrauda, desde la Lasagna para la pequeña; pasando por el conejo guisado, la pasta al pesto, y llegando a un pulpo a la parrilla al que un cuenco de una salsa de aspecto mejorable (como aceite, vinagre, ¿limón?, ¿alguna especia?, mal ligados) llevaba de muy bueno a impresionante y diferente. Y un servicio encantador, poca gente, y haberse ganado el pan en la subida hacen de esta parada algo que recordar. Y el café en la terraza sobre El Valle a la sombra de un árbol... De postal.
Gracias a Dios la bajada va después de la subida (y de la comida), y no al revés. Así es más llevadero, lo tengo observado. Y efectivamente no nos lleva mucho tiempo ni esfuerzo regresar al funicular. ¡Y de nuevo el mejor sitio!
Tan descansado ha sido el trayecto que aún queda ánimo para terracita y parque infantil. En esta semana, Aida (Piazza S. Fedele, junto a casa) se ha hecho de la familia.
Luego a casa a descansar, hasta la cena en Ristorante Rino, un maravilloso localito con especialidad en carnes y trufa, y generosidad con esta última (tanto en un solomillo con salsa de vino tinto como en un carpaccio), ambos deliciosos e intensos. Y también los solomillos irlandeses y la boloñesa.
Y con varias bajas en la mesa por fatiga motivada, para casa con una lumbalgia de aúpa...
Nos vemos.
Despertar “no presionado” y desayuno de picoteo de panadería local. Aciertos y desaciertos, pero éxito particular de dos cosas: de nuevo el pistacho (esta vez en forma de una crema de textura parecida a la Nutella, como relleno de un bollo particularmente seco pero que cortado en rebanadas finas era vencido por la deliciosa crema), y una tartaleta/bizcocho de manzana brutal, con una superficie en apariencia resistente pero que se quebraba a la menor presión, dando paso a un interior de suave manzana... Como una fina capa de hielo en un lago, dura pero quebradiza (como unos deliciosos macarons que nos pusieron con el café en La Rinasante)... Bueno, ya paro.
El plan era: funicular a Brunate. Cuanto antes llegáramos a las taquillas, menos cola. A las 10:30, recién abierto, parecía moderada, pero en realidad ha sido algo más de una hora hasta efectivamente estar a bordo y en marcha.
El trayecto es breve, 10 minutos a lo sumo, y si tienes el cuidado de ponerte en el extremo inferior, eres el único que disfruta de vistas todo el recorrido. Adivinad...
Sin duda subir hasta allí caminando con 3 niños requiere que éstos tengan energía y aguante, y los nuestros tienen ambas cosas.
Pero para asegurarnos de que los reponían, tocaba comer, y una casita la orilla de la carretera, mirando al valle, unos 50 metros antes de llevar a la población que alberga el faro, parecía el sitio ideal (Locanda del dolce Basilico). Su aspecto casero responde a la realidad: dos señoras atienden 5 mesas en la terraza y otras tantas en un interior abierto al valle a través de tres altas ventas por las que se cuela el sol. La carta, de las que me gustan: breves, 4 primeros, 4 segundos. Intentamos probar casi todo, y nada defrauda, desde la Lasagna para la pequeña; pasando por el conejo guisado, la pasta al pesto, y llegando a un pulpo a la parrilla al que un cuenco de una salsa de aspecto mejorable (como aceite, vinagre, ¿limón?, ¿alguna especia?, mal ligados) llevaba de muy bueno a impresionante y diferente. Y un servicio encantador, poca gente, y haberse ganado el pan en la subida hacen de esta parada algo que recordar. Y el café en la terraza sobre El Valle a la sombra de un árbol... De postal.
Tan descansado ha sido el trayecto que aún queda ánimo para terracita y parque infantil. En esta semana, Aida (Piazza S. Fedele, junto a casa) se ha hecho de la familia.
Luego a casa a descansar, hasta la cena en Ristorante Rino, un maravilloso localito con especialidad en carnes y trufa, y generosidad con esta última (tanto en un solomillo con salsa de vino tinto como en un carpaccio), ambos deliciosos e intensos. Y también los solomillos irlandeses y la boloñesa.
Y con varias bajas en la mesa por fatiga motivada, para casa con una lumbalgia de aúpa...
Nos vemos.














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